Después del origen de Leuksna, que conocemos gracias al Mito de la Creación, entran en juego los 21 Creadores, que dieron forma a Leuksna. Estos Creadores habitaron en su recién formado mundo y dieron forma a sus primogénitos: los Ancianos.
Los Creadores llenaron el mundo que habían originado de otras criaturas: crearon a los fae, a los humanos, insuflaron vida a seres mágicos de toda clase como las ninfas, los enanos, troles, faunos, sátiros… Con esperanzas de vida que dependían de su especie. Pero ya hablaremos de ellos en otra ocasión.
Y como les gustó aquello de dejar su legado en Leuksna, pues decidieron dejar más descendientes: pusieron huevos que al eclosionar trajeron al mundo a los dioses. Los hermanos pequeños de los Ancianos.
Pronto se vio que a los dioses les dio por emparejarse con las criaturas que habían creado sus padres y procrearon con ellos. De la unión de los dioses con ellos nacieron los semidioses, seres prácticamente inmortales.
Los Creadores, contentos con lo que habían hecho decidieron dejar a su descendencia para que cuidaran de Leuksna y ellos se convirtieron en las 21 lunas que alumbran las noches del mundo.
Pero, al abandonar los Creadores la tierra, los hijos de los dioses dejaron de ser semidioses. Sus vidas se acortaron y, aunque algunos tuvieran vidas muy largas, terminaban muriendo pues, aunque tenían magia de los dioses (la deuxancia), tenían la esperanza de vida de su otro progenitor. Así fue como la magia llegó a los humanos.
Una cosa que sí dejaron los Creadores antes de marcharse de Leuksna fueron sus huevos. Y, aunque ellos ya no caminan sobre el mundo, sus hijos, los dioses, aún nacen al eclosionar alguno de esos huevos.
Dentro de este Panteón tan variopinto hay una figura muy importante: La Oráculo. La única capaz de ver los hilos del destino, de tener visiones que le llegan directamente de los Creadores. Pero para conocer su historia deberás leer el libro Proyecto Anillo.
